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martes, 10 de mayo de 2016

Las tres estrategias del PP para conseguir tu voto

Fuentes: libertaddigital y ABC

En menos de 24 horas el Partido Popular ha lanzado tres mensajes distintos para reconquistar el voto que perdió el 20D y cada uno de ellos proviene de un sector diferente del partido. Tres formas de entender la política se han manifestado y, desde hoy, los populares lucharán por ver cuál consigue más votos —ya veremos si lo hacen a buenas o a malas—.

La casualidad (o no) ha querido que este comienzo de la campaña del partido del Gobierno coincida con el anuncio de Pablo Iglesias y Alberto Garzón del pacto Podemos-IU para las próximas elecciones. Dos de los cuatro grandes partidos se adelantan a sus competidores y muestran sus cartas. ¿Cuáles son las del PP?


La batalla final: Podemos vs. PP


Tras el empate del 20D, llega la última lucha: el Partido Popular contra Podemos e IU. Los moderados que han conseguido salvar la economía contra los radicales comunistas. No hay más opciones. La socialdemocracia y el liberalismo están bien para tiempos de paz, pero estamos en tiempos de guerra y hay que elegir.

Esta es la estrategia de los conservadores, liderados en el PP por Mariano Rajoy. Como muestra este vídeo que el partido subió a YouTube ayer, se nos quiere vender que nos encontramos ante un terrorífico duelo del que España solo puede salvarse votando al PP. 

Es la misma estrategia que Esperanza Aguirre usó contra Manuela Carmena en las elecciones al Ayuntamiento de Madrid. Y en ese momento salió mal. La polarización de la campaña aglutinó a los votantes de izquierda en Ahora Madrid, obviando al PSOE y permitiendo a la exjueza ser alcaldesa. Aunque sirvió para que el PP ganase las elecciones, no fue suficiente para retener la alcaldía. ¿Ahora Rajoy va a repetir el mismo error?

El voto útil

En política todo está inventado y esta estrategia es la que utilizó en Diciembre Podemos contra Izquierda Unida y Ciudadanos contra UPyD. El mensaje es muy claro: no desperdicies tu voto en partidos pequeños, vota al partido grande aunque no se acerque tanto a tus ideas y saldrás ganando.

Es el benjamín de José María Aznar, Pablo Casado, el que ha inaugurado esta estrategia. El sector liberal del partido —más joven y menos conservador— no se centra tanto en crear una batalla entre dos partidos sino en eliminar al rival más pequeño, Ciudadanos, para crear una batalla a tres entre PP, PSOE y Podemos-IU. Así, la izquierda quedaría dividida en dos partidos y la derecha se consolidaría en un gran partido, teniendo opciones de conservar La Moncloa.

Es una estrategia más inteligente que la anterior, pero también presenta un gran riesgo. Si no consiguen reducir lo suficiente a Ciudadanos, pueden lograr que el bloque anti-PP les supere, ya que los naranjas son los únicos que están dispuestos a pactar con el partido de Mariano Rajoy.

Reconocer los errores

Esta es una estrategia prácticamente inaudita en el PP y, en general en cualquier partido español. Es el Ministro de Asuntos Exteriores en funciones, José Manuel García Margallo, representante de los democristianos, el que se ha lanzado a asumir que, literalmente, se han “pasado cuatro pueblos con el tema de la austeridad”. Increíble pero cierto.

Aunque este comentario puede resultar realmente ofensivo para aquellos que más han sufrido los recortes —desahuciados, autónomos, parados, dependientes, enfermos de Hepatitis C…–, este sector de votantes tampoco iba a votar al PP. Este es un mensaje dirigido al ciudadano que decidió apoyar a Rajoy en 2011 y que quedó decepcionado con los brutales recortes de esa legislatura.

Margallo siempre ha tenido fama de ser un verso suelto en el PP, pero estas declaraciones deberían tenernos en alerta por una razón: ya estamos en campaña. No es casual que el ministro elija este momento para asumir los errores del Gobierno, ya que durante las negociaciones post 20D la solución Margallo estuvo flotando en el aire. La búsqueda de un Presidente del Gobierno de consenso para una legislatura corta podría llevar a su persona. ¿Margallo está haciendo su propia campaña?


Tres hombres, tres ideologías y tres estrategias. Además, tres aspirantes a Presidente del Gobierno. Todo esto dentro del mismo partido. Y aún queda un mes y medio para las elecciones…

domingo, 3 de abril de 2016

La pinza a la que teme Ciudadanos

Decir esto no es muy profesional, pero todo el mundo me entiende cuando digo que a veces las buenas ideas salen con unas cervezas en la mesa. El otro día hablaba con mi amigo Nacho, simpatizante del partido naranja, sobre qué puede pasar si se repiten las elecciones y llegamos a una conclusión que le cambio la cara: encontramos el gran peligro para Albert Rivera.

Para que el partido naranja se hunda solo son necesarios dos ingredientes con nombres propios, aunque estos son difíciles de conseguir: Susana Díaz y Cristina Cifuentes.

En primer lugar, el asalto de Díaz al PSOE nacional ya parece estar más que claro. Medios como ABC, El Español, el Periódico, o laSexta ya hablan de la posibilidad abiertamente, sus compañeros del sur destacan que es “lógico” que se presente y en El Mundo afirman que “históricos del PSOE confían en Susana Díaz como relevo”, sin citar nombres. 

A pesar de ello, Pedro Sánchez está consiguiendo amarrar su cargo y ayer convenció a sus colegas de partido para aplazar el congreso en el que se elegirá al próximo Secretario General hasta que se haya formado Gobierno.

El pleno de investidura fallido de Sánchez tuvo lugar el 2 de marzo, por lo que el límite para elegir Presidente del Gobierno es el 2 de mayo, dos meses después. Esto quiere decir que, salvo que el PSOE explote en los últimos días de abril y se proponga a Susana Díaz como candidata sin pasar por primarias, la presidente de Andalucía no llegaría a tiempo para ser elegida Presidenta por el Congreso, pero sí para ser la candidata a unas elecciones anticipadas.

¿Cuál es la virtud de Susana Díaz? Puede atraer al votante socialista moderado que se ha ido a Ciudadanos. Quizá por eso el líder naranja en Andalucía, Juan Marín, ya ha advertido que si Díaz se va a Madrid, el pacto de gobierno entre ellos dos se rompería.

En segundo lugar tenemos a Cristina Cifuentes. Su caso es más complicado ya que tiene que afrontar varios problemas: el primero, el gran poder de Mariano Rajoy y el inmovilismo de la cúpula del partido. Aunque las juventudes del PP empiezan a enfadarse y algunos exlíderes ya han alzado la voz, Rajoy tiene bien atados a sus lacayos. Solo su dimisión podría desencadenar un proceso sucesorio, ya que no existe el aliciente de alcanzar la Moncloa porque el PSOE no les va a votar en una sesión de investidura.

Otro problema de la madrileña es que no es la única aspirante al puesto: Soraya Sáenz de Santamaría y Alberto Núñez Feijóo también son eternos candidatos a alcanzar la presidencia del partido. Ellos dos son más cercanos a Rajoy y esto les facilitaría la sucesión; quizá por ello Cifuentes siempre se ha mostrado partidaria de las primarias.

La única baza que puede jugar Cristina es, precisamente, la falta de democracia en su partido. No tener que pasar por las engorrosas primarias permitiría al PP de Cifuentes mostrarse como un partido sólido y unido mientras sus antagónicos del PSOE se enfrentan entre ellos mismos.

Como Díaz, Cifuentes es moderada para su electorado y, de nuevo, pescaría votos en las mismas aguas que Ciudadanos. Así pues, con estas dos dirigentes, el PP y el PSOE podrían ver un incremento en sus resultados a costa del partido de Albert Rivera, que lo tendría muy difícil para mantener su posición en el Parlamento.


Sin embargo, esta pinza puede llegar a convertirse en una trampa, ya que estos dos relevos no afectarían al electorado de Podemos y el resto de partidos tienen una presencia muy pequeña como para que una variación en sus resultados sea determinante. Por tanto, si Podemos no varía esencialmente sus resultados, la única solución posible para formar gobierno sería una gran coalición PP-PSOE. ¿Sería más sencilla con Cifuentes y Díaz al mando?

martes, 23 de febrero de 2016

¿Quién quiere formar Gobierno?

Escuchamos constantemente por parte de los políticos que están buscando formar Gobierno. Pedro Sánchez quiere presidirlo. Podemos quiere hacerse con la mitad de los ministerios. Ciudadanos quiere sacarlo adelante. El PP... el PP se limita a ver qué ocurre y esperar agazapado su oportunidad.

Pero, ¿quién ha dicho que lo importante sea formar Gobierno? ¿De verdad alguien se cree que un pacto PSOE-Ciudadanos-Podemos aguantaría más de unos meses? ¿Alguien piensa que los barones del PSOE permitirán que se haga un referéndum de independencia de Cataluña? ¿De verdad alguien cree que Bruselas perderá la batalla contra el gobierno de izquierdas por el déficit? Esto lo saben los encargados de las negociaciones que ahora mismo están en el Congreso de los Diputados, no tengan ninguna duda.

Aquí lo que se está buscando no es buscar un gobierno para los próximos cuatro años sino una legislatura corta en la que se realicen los grandes cambios estructurales que necesita nuestro país. 

La reforma de la Constitución va a llegar, eso nadie lo duda. Pero ¿quién se llevará el mérito? ¿Pedro Sánchez por ser el Presidente? ¿Albert Rivera por iniciar las negociaciones? ¿Y Pablo Iglesias? ¿Ganará oponiéndose a la alianza, ya inminente, entre PSOE y Ciudadanos o perderá por no unirse en lo que ya se conoce como la Segunda Transición?

Los cinco puntos que ha planteado hoy Albert Rivera para reformar la Constitución pueden ser aceptados por todos los partidos. De hecho, el PSOE llevaba algunos de ellos en su programa electoral. Parece que Rivera ha tomado la delantera en esta carrera por erigirse como el Adolfo Suárez del Siglo XXI. Sin embargo, el escenario aún está totalmente abierto y pueden ocurrir muchas cosas más en las próximas semanas.

El partido que más se está alejando de tener un papel fundamental en esta época es el PP, que posterga hasta más adelante su regeneración en vez de afrontarla con valentía para estar a la altura de los desafíos que vienen. ¿No se dan cuenta de que se van a perder la última oportunidad que les queda para ser un partido con opciones de gobernar? ¿No ven que participando en esta Transición pueden recuperar la confianza perdida?

viernes, 22 de enero de 2016

Jaque

libropoli.blogspot.com

Cuando juegas al ajedrez, preparas una estrategia que se puede alargar durante muchos movimientos con un único objetivo: acabar con el rey contrario. Matar al rey contrario. Porque solo puede haber un rey, solo una persona puede sentarse en el trono. Solo hay un Presidente del Gobierno. Y todos los que juegan al ajedrez quieren ganar la partida, nadie se coloca al frente de un ejército de peones, caballos, alfiles, torres y una reina para ser segundo. Nadie cruza el tan peligroso puente de la política para ser vicepresidente.

Pablo Iglesias ha propuesto esta mañana, junto a sus capitanes y capitanas más fieles, una coalición entre el PSOE, Podemos e IU. Bloque que, por cierto, no alcanza la mayoría y necesitaría del PNV para salir adelante. Pero dejando a un lado esta necesidad, parece que el reparto de ministerios entre los tres partidos es la fórmula escogida por los podemitas. Un reparto que, de conformarse según los votos, sería casi igualitario entre los morados y los rojos, ya que tan solo algo más de 300.000 votos separaron a estos dos partidos en las elecciones.



¿Qué ministerios caerían en qué partido?
photojoiner.net

En su anuncio, Iglesias estaba acompañado por Íñigo Errejón, Carolina Bescansa, Irene Montero, Julio Rodríguez, Xavier Domènech y Victoria Rosell. Estos serían siete posibles ministros que ya sonaron durante la campaña como Ministro de Defensa, en el caso de Julio Rodríguez o Ministra de Justicia, para Victoria Rosell. Iglesias también ha dejado caer que propondrán crear un Ministerio de la Plurinacionalidad, encabezado por Domènech, y que quieren una cartera para IU, con lo que Alberto Garzón podría convertirse en Ministro de Empleo, según han apuntado hoy en Al Rojo Vivo.

En la anterior legislatura hubo trece ministerios, con lo que Podemos e IU acapararían más de la mitad de los gabinetes. Sin embargo, quedan en el aire importantes carteras como Asuntos Exteriores, Economía, Hacienda o Educación. Además, podrían crearse otras como un Ministerio del Medio Ambiente —ahora integrado en Agricultura— o  se podría recuperar el Ministerio de Igualdad —que ahora está en Sanidad—.



¿Se conformaría Pablo Iglesias con ser el número dos? 
joserodriguez.info

Puede provocar una ofensa entre los dos y exigir un juicio por combate, pero no es la solución más elegante. En realidad, la maniobra que podría encumbrar a Pablo Iglesias a la Presidencia parece haberse realizado ya. 

La coalición con Podemos puede quebrar el PSOE ya que a muchos sectores, especialmente al liderado por Susana Díaz, la idea de colocar a Iglesias como Vicepresidente les provoca picores por todo el cuerpo. Una revolución en las filas socialistas podría llevar a convocar otras elecciones en las que, según varios medios de comunicación, Podemos aumentaría sus votantes y adelantaría al PSOE.

Por el contrario, si las negociaciones llegan a puerto y se reparten los ministerios, Podemos se mostrará como un partido de Gobierno, ya no serán los recién llegados y podrán mostrar sus logros para las siguientes elecciones —que podrían ser más pronto de lo que pensamos, ya que ningún partido tiene mayoría en el Parlamento—.

Pero gobernar es encontrarse con dificultades día sí y día también. En la serie The Wire, el alcalde de Baltimore recibe una advertencia de su predecesor en el cargo: Ser alcalde (tener el poder) es “estar sentado comiendo mierda todo el día, día tras día, año tras año”. ¿Cómo venderá Podemos tras estar en el Gobierno que son un partido nuevo y totalmente diferente a la casta del PSOE?



¿Pedro Sánchez se dejaría manejar por Pablo Iglesias?
lanzadigital.com

Siguiendo con las series norteamericanas, hoy en las redes se compara a Pablo Iglesias con Frank Underwood, el maquiavélico presidente de Estados Unidos protagonista de House of Cards, por sus estrategias políticas para alcanzar el poder. Sin embargo, Pedro Sánchez ha conseguido aguantar en la secretaría general del PSOE durante mucho más tiempo del que pronosticábamos y se postula como Presidente del Gobierno. A pesar de los problemas de su partido, consigue no hundirse y mantenerse en el trono. Y llegados hasta aquí, no va a dejar de pelear.


Viendo los métodos del líder de Podemos, Sánchez estará prevenido en todo momento del cuchillo que tiene muy cerca de su espalda y puede contraatacar. Sería un grave error menospreciar al líder de los socialistas.

domingo, 17 de enero de 2016

Portugal vs. Alemania

Ni voy a hablar de fútbol ni voy a predecir la Tercera Guerra Mundial, no tienen por qué asustarse. El enfrentamiento al que asistimos no es bélico y la decisión que el nuevo Congreso debe tomar no es si unirse a los buenos o a los malos —que cada cual decida quiénes son los primeros y quiénes los segundos—.

Los políticos que han sido capaces de alcanzar uno de los 350 sillones del Hemiciclo tienen que escoger entre Portugal o Alemania, entre papá o mamá (Mutter Angela). Y es que, según la aritmética parlamentaria, solo hay dos opciones para formar Gobierno: un pacto de partidos de izquierdas a la portuguesa o una gran coalición a la alemana.
Fuente: Wikipedia y Taringa | Montaje: photojoiner.net

Los 350 diputados, decía, tienen que escoger, pero solo uno tiene que decidir: Pedro Sánchez. La diferencia puede parecer pequeña, pero en realidad es muy trascendente. Si el secretario general del PSOE decide que quiere más a mamá, apoyará al PP y arrastrará a otros partidos como Ciudadanos con él. 

Por otro lado, si prefiere a papá, tendrá que comenzar una larga travesía por caminos muy peligrosos hasta conseguir convencer a Podemos y a otro partido para que le apoyen.

Viendo que el PSOE gobierna gracias a Podemos en comunidades como Aragón o Extremadura, no debería ser muy difícil que este mismo pacto se repitiese a nivel nacional. Pero Podemos no se presentó a estas elecciones generales como un solo partido. De hecho, los resultados del Ministerio del Interior descomponen sus votos entre: Podemos (12,67%), En Comú Podem (3,69%), Compromís-Podemos-És el Moment (2,67%) y En Marea (1,63%). 

Pactar con Podemos significa pactar con todos estos partidos y una de las condiciones que pone En Comú Podem —partido que obtuvo casi un millón de votos—es la realización de un referéndum de autodeterminación en Cataluña

Los barones del PSOE ya han alzado la voz por el préstamo de senadores de su partido a los independentistas, con lo que la idea de que voten los catalanes produce urticaria a la mitad del partido de Sánchez.

Y aún en el hipotético caso de que Pedro consiguiese convencer a Pablo, y de que Pablo consiguiese convencer a sus socios, aún faltarían tres votos para que un Gobierno de izquierdas superase la barrera de PP y Ciudadanos —siempre y cuando UP-IU también se sume al proyecto—. Y esos partidos son: ERC, DiL (la antigua Convergència) y el PNV.

Si en el PSOE no quieren oír hablar de un referéndum, ¿cómo van a pactar con partidos que piden abiertamente la independencia de Cataluña? El PNV se alza como la única opción posible y eso, como hemos visto con la CUP, le da mucho poder. 

¿Qué pedirán los nacionalistas vascos a cambio de otorgar la llave de la Moncloa a Pedro Sánchez? Irónicamente, podrían pedir otro referéndum. El PNV, junto con EH Bildu, ya se pronunció en octubre a favor del “derecho a decidir del pueblo vasco”, con lo que sus anhelos son claros. 


Con estos cuatro partidos ya obtendríamos una mayoría superior a la suma PP y Ciudadanos (167 contra 163), pero la diferencia entre ellos sería muy escasa. Bastaría con que ERC o DiL votasen en contra para bloquear la formación de un Gobierno. 

Y si esto ocurriera, ¿no quedaría como última opción para evitar repetir elecciones formar una gran coalición como en Alemania? ¿No podría usar el PSOE ese argumento cuando quedasen pocas horas para que se acabase el plazo igual que lo ha usado la CUP para darle la presidencia a la burguesía catalana?

domingo, 10 de enero de 2016

Rajoy abandona y Borja Sémper será Presidente con el apoyo de Podemos

No, no. Es coña. Pero imagínense por un momento que el Partido Popular y el Partido Socialista se presentaron en coalición a las elecciones del 20D para alcanzar un único punto: la unidad de España. Imagínense que ganaron con amplia diferencia con respecto a la segunda fuerza, pero que no alcanzaron la mayoría absoluta. Y que solo un partido compartía parte de sus ideas: Podemos.

Pero, ¿cómo apoyaría la extrema izquierda a la derecha y al liberalismo que ha aplicado recortes en la sanidad y en la educación? Si Podemos consiguió un tan buen resultado en las elecciones, fue en parte por el odio y la oposición que genera Mariano Rajoy en buena parte de los votantes. Estos jamás perdonarían al partido morado que les traicionase de esa manera.
Fotografías: Atresmedia y Público | Montaje: photojoiner.net

Pero los meses pasan y a veces es necesario hacer cosas que no te gustan. Si, en esta ficción, Pablo Iglesias empezó asegurando que jamás investirían a Mariano Rajoy como Presidente, después pasó a darle un “‘no’ tranquilo”

Y casi sin darse cuenta, los dos partidos llegaron al límite que les marca la ley para formar Gobierno. O proponían un candidato para Presidente que obtuviese la mayoría, o se repetirían las elecciones. Y ese último escenario no era favorable ni para unos ni para otros, puesto que la volatilidad del voto podía hacerles caer de la mayoría.

Imaginen que Podemos, dividido entre los que optan por apoyar a Rajoy para mantener sus escaños o los que antes de eso prefieren volver a tener elecciones, convocase a sus bases. E imaginen que, tras un intenso día de votaciones, hubiese un empate entre los dos sectores. Un empate casi inalcanzable, pero un empate válido al fin y al cabo.

El resto de partidos ya se estaría preparando para la campaña y la próxima convocatoria electoral. Rajoy intentaría gobernar con el PSOE hasta entonces, pero estos ya no verían beneficios en tal acuerdo. Y los enemigos de Rajoy, los que están dentro de su partido, ya levantarían sus espadas para acabar con el líder que les podría llevar a otro descalabro electoral.

Así, preparándose para afrontar otra lucha más, de la que muy probablemente saldría derrotado, es como el Presidente del Gobierno en funciones recibiría la llamada de sus negociadores. No todo está perdido. Podemos tener un acuerdo. Podemos alcanzarlo aunque ya solo queden dos días. Pero debemos pagar un precio, Mariano. Tú.

Solo, aunque no muerto y todavía con la posibilidad de volver en el futuro, Rajoy abandonaría la carrera por la Presidencia. ¿Y a quién presentaría el PP? Debería ser alguien joven, con buena imagen, del ala moderada del partido. Necesitarían un candidato de consenso. ¿Núñez Feijóo? No, está tocado por la corrupción. ¿Soraya? No quiere. ¿Borja Sémper? ¿El de Guipúzcoa? Pero si ni siquiera ha conseguido escaño… Es igual. Es la imagen que necesitamos. Si nos equivocamos, ya se cambiará, pero Podemos no aceptará candidatos que estén más a la derecha.
Fuente: El Periódico

Y Sémper, sorprendido y aún sin creérselo, viajaría a Madrid ese mismo día. Allí Rajoy le agarraría del brazo para entrar a la sede del partido, sitiada por los periodistas. El aún Presidente alabaría su gestión y su compromiso con el país. Todo sabiendo que ya no es él el que está acaparando las fotografías, sabiendo que le han sustituido.

Dejen de imaginar. Descabellado, ¿verdad? Una fantasía no muy bien cimentada. ¿Por qué iba a juntarse el PSOE con el PP? ¿Y por qué se iba a juntar ERC con CDC? ¿Por qué Podemos apoyaría a alguien del PP? ¿Y por qué la CUP ha apoyado a Carles Puigdemont?

“La política hace extraños compañeros de cama”. Sí, pero en esta orgía ha entrado mucha gente con un único objetivo: la independencia. Y ese ideal ha llevado a crear este Frankenstein político que, si bien no sabemos cuánto va a durar, sabemos que es muy peligroso. Sus costuras pueden no ser del todo fiables y acabaría estallando y manchando de sesos y vísceras a los ciudadanos de Cataluña y a los de toda España.


Hoy hemos visto cómo más de la mitad de los diputados del Parlament, aquellos que representan a un 47,7% de los catalanes, han votado a favor del alcalde de Girona como nuevo President. ¿Están simplemente locos o la independencia está creando un sentimiento tan importante como para poner de acuerdo a gente tan diversa? Debemos responder pronto y actuar en consecuencia. Porque si no somos lo suficientemente rápidos, podemos acabar lamentándolo.

domingo, 3 de enero de 2016

Señores pasajeros, mantengan la calma

Los periodistas a los que nos gusta hablar de política, los interesados en el tufillo de este mundo y la gente informada, que es la mayoría, llevamos meses viendo venir que tras el 20D tendríamos un Parlamento muy fragmentado. Ocurrió en las elecciones catalanas y volvió a ocurrir este diciembre. Es algo que ya sabíamos, que nos esperábamos.

Entonces, ¿por qué nos llevamos las manos a la cabeza cuando nos encontramos con, oh sorpresa, que el nuevo Parlamento está muy fragmentado? El ruido mediático nos atribuye el crear un caos político por votar a opciones situadas fuera del bipartidismo que ha estado gobernando España durante los últimos años. 

20minutos


Y, desde luego, en su esquema mental hemos creado un caos bien grande. Los pactos más alocados que caben en la mente de aquellos que siguen atascados en el sistema político que teníamos antes de las tres crisis por las que hemos pasado son los que hizo Aznar con CiU en 1996. Y algunos ya apuntan a estos acuerdos como el germen de la actual crisis independentista.

Porque la mayoría absoluta de Rajoy está muy mal, pero el tener que pactar para poder formar Gobierno, también. Queremos las ventajas del sistema antiguo y del actual obviando sus inconvenientes, pero eso no es posible. Debemos afrontar los desafíos que se nos ponen por delante y no mirar para otro lado. Y en este momento, formar un Gobierno es un desafío.

Los españoles hemos expresado nuestro deseo de pactos, de llegar a grandes acuerdos entre todos, desde puntos de vista muy diferentes. Si nuestro sistema fuese más participativo y menos representativo, puede que nuestros políticos no tuviesen que afrontar la tarea que se les ha venido encima. Pero el sistema que tenemos es este, así que deben hacerlo. Es su parte del contrato que firmaron con los ciudadanos el pasado día 20.

"Llegar a pactos" no significa formar una gran coalición que lleve a un Gobierno estable para los próximos cuatro años. Que nadie se confunda, esa no es la voluntad de la ciudadanía y tampoco es una situación factible con la actual distribución de los 350 escaños del Congreso de los Diputados. En este período histórico en el que nos encontramos, "llegar a pactos" implicará llevar a cabo una serie de reformas que necesita el país y para las que es necesario modificar la Constitución

La ley electoral, la participación de los ciudadanos, los aforados, los privilegios fiscales de las multinacionales, la educación, la violencia de género, las pensiones, la política energética, los desahucios... Estos y muchos otros temas deben ser repensados y, los cambios que en ellos se realicen, ratificados por todos nosotros.


Por supuesto, todo esto no se consigue en una semana. Tampoco abarca cuatro años. La legislatura que viene debe ser corta, pero muy intensa. Con muchas crisis que parezcan impropias de un país europeo y con el Gobierno, el que sea, a punto de caer constantemente. Pero es algo que debe hacerse, debemos arriesgarnos durante los próximos dos años para disfrutar de estabilidad durante los próximos treinta.

domingo, 20 de diciembre de 2015

La diferencia entre ganar y vencer

@sanchezcastejon

Las cosas, como son. El PSOE ha soportado la presión de los dos partidos emergentes que le atacaban por la derecha y por la izquierda y ha logrado superar en unos 300.000 votos a Podemos. Se temía qué podía pasar si Podemos era segunda fuerza en votos pero tercera en escaños. ¿Quién sería el presidente? Esa duda ya no tendrá que ser resuelta porque los socialistas han luchado contra las encuestas y se han mantenido en la segunda posición.

Pero eso no significa que Pedro Sánchez vaya a ser el próximo Presidente del Gobierno, al menos no en el corto plazo. Es la primera vez en nuestra historia que nos levantamos sin saber quién va a vivir en La Moncloa. 

Porque la caída del bipartidismo –que apenas ha alcanzado el 50% de los votos– tiene una parte muy buena: la pluralidad va a llegar a la política de nuestro país, los pactos serán necesarios y se abren posibilidades como que el Parlamento controle de una manera eficiente al Ejecutivo y que, incluso, le plantee una moción de censura en caso de que sea necesario.

Pero no nos engañemos, también hay desventajas. ¿Quién será capaz de formar Gobierno? Y mientras duren la negociaciones, ¿quién controla el país? ¿Cuánto tiempo podemos estar con un Gobierno en funciones?

Sánchez es, en teoría, el que está mejor posicionado para capitanear España durante la próxima legislatura. La suma PSOE y Podemos alcanza los 159 escaños con los que, aún necesitando a uno o dos partidos más, podrían gobernar mediante la geometría variable. Como lo hizo Zapatero. Pactando cada ley para que pase el corte del Congreso de los Diputados. 

Sin embargo, Podemos no está formado solo por el partido morado. Compromís, Barcelona En Comú y las mareas gallegas han aportado una gran parte de los diputados que han encumbrado a la izquierda a la tercera posición. ¿Querrán ellos al líder socialista como Presidente? Es más, ¿querrán los socialistas gobernar a cambio de ser apoyados por los 'populistas'?

Al otro lado del tablero electoral, un pacto PP-Ciudadanos alcanzaría los 163 escaños. Son más que los del bloque contrario pero, ¿con quién puede pactar el PP? Durante estos últimos cuatro años se ha estado ganando enemigos por todas partes. Ha aprobado leyes sin consensuarlas con la oposición y ha despreciado al parlamentarismo. Tan solo los nacionalistas moderados como el PNV o incluso Coalición Canaria podrían apuntarse, pero Ciudadanos es el ariete principal contra los nacionalismos.


Es responsabilidad del líder socialista erigirse como el político capaz de aunar a varios partidos si quiere ser el próximo Presidente del Gobierno en un sistema fragmentado y con unos votantes mucho más observadores y críticos que anteriormente. Pedro Sánchez ha logrado ganar, pero aún no ha vencido.

viernes, 18 de diciembre de 2015

Los tres escenarios más probables para el 21D

Último sondeo de 'El Periodic d'Andorra'

Hoy termina la campaña. Hoy terminan dos semanas en las que hemos visto debates a cuatro, puñetazos, descalificaciones, a un tal Ruiz... El tiempo para intentar convencer a los que todavía están indecisos –alrededor de un 20% según las últimas encuestas– termina hoy a las doce de la noche. 

Mañana tendremos la jornada de reflexión y el domingo España votará un Parlamento totalmente diferente al que hemos visto hasta ahora. ¿Y el lunes? ¿Qué pasará el 21D? Según las encuestas, una de estas tres opciones que presentamos se cumplirá y, oh sorpresa, ninguna aclara quién será el sucesor de Mariano Rajoy en La Moncloa.

El Mundo


1. PP y C's suman mayoría
Este era el escenario que pronosticaban las encuestas hace un par de semanas. El PP gana las elecciones pero aún necesita muchos diputados para alcanzar la victoria. Y Ciudadanos tiene esos escaños. ¿Cuáles serán sus exigencias?

Albert Rivera ha sido bastante ambiguo con este tema. Si bien siempre ha afirmado que no apoyará ni a Rajoy ni a Sánchez, también ha asegurado que permitirá la gobernabilidad del país, igual que ha ocurrido en las Comunidades Autónomas. 

Si la diferencia entre estos dos partidos es estrecha, se exigirá que caiga Mariano Rajoy. Los naranjas no sobrevivirían a darle el poder al hombre que aparece en los papeles de Bárcenas, al líder del partido que pagó su sede de Madrid con dinero negro. Soraya Sáenz de Santamaría y Alberto Núñez Feijó son los dos candidatos mejor posicionados, aunque este último no es diputado en el Congreso.

El Periódico


2. C's, PSOE y Podemos suman mayoría
Este escenario se abre en varios casos. El más evidente, si no se cumple nuestro primer caso. Pero otro partido podría llegar a la Moncloa si Albert Rivera ocupa la segunda posición. El catalán es el hombre de consenso que podría aunar las fuerzas de estos tres partidos con tal de que Rajoy no vuelva a ser presidente.

Pero hay varios problemas que se oponen a que esta hipótesis se haga realidad. En primer lugar, la manía que tienen todos los partidos de asegurar que no pactarán con nadie más. En segundo lugar, la heterogeneidad. Es difícil que los liberales y la izquierda se pongan de acuerdo, a pesar de que parece haber una buena relación entre Rivera e Iglesias. Además, Podemos va en coalición con partidos nacionalistas muy potentes en Cataluña, Galicia y en la Comunidad Valenciana y la relación entre Ciudadanos y los nacionalismos es muy mala.

No importaría mucho quien quedase segundo, ya que cualquier pacto tripartito se sostendría sobre "que Rajoy no repita como presidente". Y eso es algo que todos comparten.

ABC


3. Ni C's con PP ni un tripartito consiguen formar gobierno
Es difícil, pero no imposible. Bien porque ningún bloque tenga los escaños suficientes o bien porque no sean capaces de ponerse de acuerdo, esta es una posibilidad que no debemos descartar. Los pactos serán muy difíciles, ya que nadie quiere pactar con los independentistas catalanes o con Bildu. El resto de partidos nacionalistas tienen muy poca representación como para ser decisivos, igual que Izquierda Unida.

En este caso, el partido ganador tendría que recurrir a la geometría variable que hizo Presidente a Zapatero, es decir, a pactar con el resto de partidos cada ley que se quisiese aprobar en el Parlamento. La última opción sería repetir las elecciones.



La época de los pactos ha llegado y ya no habrá mayorías absolutas que puedan imponer su pensamiento por Real Decreto. En cualquiera de estos casos harán falta pactos, harán falta consensos que llevarán a unas leyes con mayor aceptación y mejores para todos. Es la oportunidad histórica de este país para alcanzar un pacto por la educación o para reformar la Constitución. Es el comienzo de una buena época para la política.

martes, 15 de diciembre de 2015

Round 3: La escenificación del hartazgo

@lasextanoticias

Yo quería hablar de cómo fue el debate de anoche. Quería hablar de las propuestas que presentaron los candidatos del PP y del PSOE. Quería hablar del carisma de los candidatos y de su habilidad confrontando ideas. Quería pero no voy a hacerlo. La razón es muy simple: anoche no me enteré de nada

¿Cómo voy a entender algo entre el barullo que formó el bipartidismo? Es más, ¿cómo voy a mantener la atención durante casi dos horas con un constante e incongruente cruce de datos y con un soporífero e infantil "y tú más"?

Si ya era difícil que en un debate como este alguien cambiase el sentido de su voto –¿quién va a estar dudando entre votar al PP o al PSOE?–, aún más difícil fue que alguno de los telespectadores se ilusionase con Mariano Rajoy o con Pedro Sánchez como para votarle el próximo 20 de diciembre. ¿Serán los ausentes los ganadores del debate?



Pedro Sánchez
Parece que las encuestas publicadas ayer en la mayoría de los medios (como El País, ABC o La Razón) dieron ánimos al líder socialista, que se mostró más combativo que en los debates organizados por El País y Atresmedia

Estas experiencias previas han enseñado un par de cosas a Sánchez como usar datos o emplear ejemplos con personas, que son los que llegan verdaderamente al espectador. Además, tuvo momentos destacables como la defensa de los dependientes que han dejado de recibir ayudas con el gobierno del PP.

Su estrategia se basó en enfadar a Rajoy para mostrarse como un verdadero candidato a la Presidencia del Gobierno, especialmente con la corrupción que ha azotado a los populares durante esta legislatura. Pero Mariano siempre está tranquilo, ese ardid nunca funcionará con él. Ese es su punto fuerte. Incluso cuando Sánchez le acusó de "no ser un político decente", Rajoy se mostró bravo y con genio, pero no cabreado.

Pero el error básico de Pedro Sánchez sigue siendo su falta de propuestas, o más bien la falta de capacidad para comunicarlas, como plantearon anoche en Hora 25. Los socialistas aún tienen que comprender que en estas elecciones se votará con ilusión y no con melancolía. Por cierto, prometer que facilitará los trámites para votar desde el extranjero cuando estos ya han votado no es un buen método para ganarse su apoyo.

La crítica constante a los cuatro años de la Administración Rajoy no funcionará sin un proyecto de futuro que aúne a los votantes de izquierdas.

Nota: 6,5



Mariano Rajoy
El Presidente del Gobierno salió muy fuerte al debate pero se desinfló pronto. No gastó energías en negar los recortes o la corrupción y utilizó esos minutos para prometer que creará empleo y para destacar los puntos fuertes de nuestro país. Ese es el Rajoy presidenciable que gana votos, el que apareció en casa de Bertín Osborne pero que suele permanecer dormido.

Y sería la hora intempestiva, porque a partir de la primera media hora ese Rajoy se durmió y el candidato del Partido Popular se puso a la defensiva. Todas las afirmaciones del líder de la oposición eran o falsas o ineficaces. Ni una crítica de fondo, no nos vayamos a herniar. 

Mariano cometió grandes errores como intentar negar el rescate bancario, centrarse durante todo el debate en la economía y ser condescendiente con su contrincante. A pesar de que se agenció algún punto como rebajar a Pedro Sánchez por utilizar en el debate la violencia de género, el candidato popular no volvió a destacar. No se mostró como un verdadero Presidente del Gobierno.

La avalancha de datos, la falta de humanidad y, especialmente, la enorme mochila que carga Rajoy llena de corrupción y paro, lastraron a un Presidente que podía haber ganado el debate si hubiese sido capaz de mantener el ritmo de la primera media hora. Un gatillazo que habría sido una verdadera calamidad si su rival hubiese sido Albert Rivera, pero que no significará una gran pérdida de votos.

Nota: 6


El debate fue aburrido y los contendientes, mediocres. Se dividió entre un ruido blanco indescifrable por las continuas interrupciones sinsentido y un constante recordatorio de lo que el otro ha hecho mal en el pasado. Pocas propuestas y aún menos ilusión. 

En definitiva, dos monólogos que consiguieron atraer muy pocos votos y un formato que ya debería estar superado en una televisión pública del Siglo XXI. Un último aullido de un bipartidismo que agoniza y busca salvarse desesperadamente. ¿Lo conseguirá?