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domingo, 2 de octubre de 2016

Rajoy tiene el poder

Todos hemos visto lo que ha ocurrido en el PSOE en esta última semana. Siete días atrás, hablábamos de si Pedro Sánchez intentaría formar Gobierno con Podemos y Ciudadanos o, incluso, con Podemos y el apoyo de los independentistas. Ahora Sánchez ha dejado la secretaría general, el partido está descabezado y solo se vislumbra un vencedor claro: Mariano Rajoy.

Porque solo él tiene la oportunidad de presentarse a una sesión de investidura, pero también tiene la oportunidad de no hacerlo y llevarnos a unas terceras elecciones que el PSOE no puede afrontar. ¿Quién sería el candidato? ¿Quién redactaría el programa? ¿Quién decidiría con qué partidos se pacta y cuáles no? ¿Qué campaña harían las federaciones sanchistas y las susanistas? Unas elecciones destrozarían al PSOE en estos momentos, pulverizaría su suelo electoral y elevaría a Unidos Podemos como primera fuerza de la izquierda.
atresmedia

Los nuevos dirigentes socialistas conocen esta situación pero lo realmente grave para ellos es que los viejos dirigentes populares, también. Rajoy conoce el enorme poder de negociación que tiene en estos momentos, sabe que de él depende que el PSOE sobreviva al año 2016 o no.

Es su momento para exigir todo lo que lleva pidiendo desde las elecciones del 20 de diciembre del año pasado: gobernar con tranquilidad. No depender de grandes pactos con varios partidos para sacar adelante sus políticas, tan solo de los votos del PSOE. Descartada la gran coalición —¿quién elegiría qué socialistas son ministros junto con los populares?—, Rajoy pedirá, como adelanta hoy El Mundo, apoyo en la investidura y en los presupuestos.

Paradójicamente, esta situación también perjudicará enormemente al PSOE. ¿Quién va a votar a un partido secuestrado por el PP? Los críticos quieren responder a esa pregunta con el liderazgo de Susana Díaz y con el paso de los meses para que se calme la situación. Pero no cuentan con la que ahora es la piedra angular del partido: los militantes.

Dejando a un lado la conveniencia moral de que un partido celebre primarias o no, el PSOE decidió celebrarlas. Y ese no es un proceso que se pueda revertir. Díaz evita un congreso federal con primarias como la peste, porque sabe que después de este golpe que han dado, la militancia no la va a apoyar. Su única oportunidad es que, por la situación excepcional que vivimos, el partido le de el liderazgo sin el voto de los militantes. Otra opción es que se celebre un congreso en el que solo ella sea la candidata. 

Después, se supone que, de alguna manera que yo aún no he alcanzado a ver, Susana hará cambiar de opinión a los militantes cabreados y a los votantes desencantados y revertirá el proceso a la baja que el PSOE inició con Rubalcaba. Un sueño.


Mientras tanto, el PP, Podemos y Ciudadanos se frotan las manos, el PSOE sabe que tiene que jugar con enorme maestría las cartas que le quedan. El problema es que aún no han visto que ya han quemado la baraja, el tapete, la mesa y el edificio entero.

sábado, 3 de septiembre de 2016

Tiempo de sacrificios


Pero a todos parece olvidárseles que en los momentos excepcionales siempre ocurre algo: cae gente. Los poderosos se renuevan y, para que llegue savia fresca, hay que excretar la vieja. En otras palabras, es tiempo de sacrificios.
wikimedia

Y esos sacrificios no son solo una necesidad histórica o generacional, sino que son la solución al enorme problema que tenemos entre manos, es la única forma de salir de este bloqueo. ¿Alguien piensa realmente que con el relativamente pequeño sacrificio de la abstención del PSOE se resolvería la situación? 

Se resolvería la investidura, pero dos días después volveríamos a estar en el mismo atasco. ¿También se tendría que abstener el PSOE para aprobar los Presupuestos? ¿Y qué apoyos lograría Rajoy para sacar adelante cualquier ley?

No, este momento histórico requiere de sacrificios mucho más grandes. Sacrificios que tienen dos nombres propios: Mariano Rajoy y Pedro Sánchez. Albert Rivera ya se está arriesgando bastante pactando tanto con la izquierda como con la derecha, sabiendo que va a perder muchos votos por ambos extremos por culpa de esos pactos. 

Pablo Iglesias, por otro lado, lo ha tenido más fácil porque aún nadie ha contado con él. El PP no lo ha hecho por razones obvias y el PSOE, por la cerrazón de algunos de sus dirigentes como Susana Díaz, Guillermo Fernández Vara o Felipe González.

Pero Rajoy y Sánchez no tienen esa suerte, ellos están en el ojo del huracán y van a tener que pagar por ello. Empecemos por Mariano Rajoy. Tras su fallida investidura, todos hemos visto que él es la causa principal del bloqueo en el que estamos. Todo sería mucho más sencillo si el candidato o candidata a la Presidencia del Gobierno fuera un independiente, incluso si fuera alguien del sector moderado del PP como Cristina Cifuentes o Borja Sémper

Pero esta no es la situación en la que estamos. Rajoy tiene bien atado su partido y no piensa renunciar a ese poder ahora que está tan cerca de volver a ocupar la Moncloa.

Sin embargo, su tiempo ha pasado. Es un líder elegido y que elige a dedo cuando todos los partidos hacen primarias abiertas a la militancia. Promueve las negociaciones secretas en la época en la que hay cámaras por todas partes. Acude a los programas deportivos de la COPE y no a los políticos. 

Y, sobre todo, está desconectado de la realidad. Muy desconectado. Solo así se entiende que su Gobierno haya propuesto a José Manuel Soria para presidir el Banco Mundial. Sí, su tiempo ha pasado. Debe dimitir.

La situación de Pedro Sánchez es más inestable, pero también tiene más posibilidades de acabar en éxito. Si su alianza con Podemos y Ciudadanos fracasa —es lo más probable— el Comité Federal del Partido Socialista le obligará a abstenerse en la investidura de Rajoy y él tendrá que dimitir. 

Pero el PSOE realiza primarias y que dimita no implica que tenga que terminar con su vida política. Podría presentarse para liderar el partido frente a Susana Díaz y sería el candidato que se sacrificó antes de pactar con el PP. Toda una ventaja en una lucha contra los barones que prefirieron ir con el PP antes que con Podemos.


Rajoy y Sánchez deben dimitir, pero solo el segundo tendrá otra oportunidad. Y, aún así, esos gestos serán solo el principio de un largo camino hasta superar esta crisis institucional. Conversación no nos va a faltar, eso es seguro.

martes, 10 de mayo de 2016

Las tres estrategias del PP para conseguir tu voto

Fuentes: libertaddigital y ABC

En menos de 24 horas el Partido Popular ha lanzado tres mensajes distintos para reconquistar el voto que perdió el 20D y cada uno de ellos proviene de un sector diferente del partido. Tres formas de entender la política se han manifestado y, desde hoy, los populares lucharán por ver cuál consigue más votos —ya veremos si lo hacen a buenas o a malas—.

La casualidad (o no) ha querido que este comienzo de la campaña del partido del Gobierno coincida con el anuncio de Pablo Iglesias y Alberto Garzón del pacto Podemos-IU para las próximas elecciones. Dos de los cuatro grandes partidos se adelantan a sus competidores y muestran sus cartas. ¿Cuáles son las del PP?


La batalla final: Podemos vs. PP


Tras el empate del 20D, llega la última lucha: el Partido Popular contra Podemos e IU. Los moderados que han conseguido salvar la economía contra los radicales comunistas. No hay más opciones. La socialdemocracia y el liberalismo están bien para tiempos de paz, pero estamos en tiempos de guerra y hay que elegir.

Esta es la estrategia de los conservadores, liderados en el PP por Mariano Rajoy. Como muestra este vídeo que el partido subió a YouTube ayer, se nos quiere vender que nos encontramos ante un terrorífico duelo del que España solo puede salvarse votando al PP. 

Es la misma estrategia que Esperanza Aguirre usó contra Manuela Carmena en las elecciones al Ayuntamiento de Madrid. Y en ese momento salió mal. La polarización de la campaña aglutinó a los votantes de izquierda en Ahora Madrid, obviando al PSOE y permitiendo a la exjueza ser alcaldesa. Aunque sirvió para que el PP ganase las elecciones, no fue suficiente para retener la alcaldía. ¿Ahora Rajoy va a repetir el mismo error?

El voto útil

En política todo está inventado y esta estrategia es la que utilizó en Diciembre Podemos contra Izquierda Unida y Ciudadanos contra UPyD. El mensaje es muy claro: no desperdicies tu voto en partidos pequeños, vota al partido grande aunque no se acerque tanto a tus ideas y saldrás ganando.

Es el benjamín de José María Aznar, Pablo Casado, el que ha inaugurado esta estrategia. El sector liberal del partido —más joven y menos conservador— no se centra tanto en crear una batalla entre dos partidos sino en eliminar al rival más pequeño, Ciudadanos, para crear una batalla a tres entre PP, PSOE y Podemos-IU. Así, la izquierda quedaría dividida en dos partidos y la derecha se consolidaría en un gran partido, teniendo opciones de conservar La Moncloa.

Es una estrategia más inteligente que la anterior, pero también presenta un gran riesgo. Si no consiguen reducir lo suficiente a Ciudadanos, pueden lograr que el bloque anti-PP les supere, ya que los naranjas son los únicos que están dispuestos a pactar con el partido de Mariano Rajoy.

Reconocer los errores

Esta es una estrategia prácticamente inaudita en el PP y, en general en cualquier partido español. Es el Ministro de Asuntos Exteriores en funciones, José Manuel García Margallo, representante de los democristianos, el que se ha lanzado a asumir que, literalmente, se han “pasado cuatro pueblos con el tema de la austeridad”. Increíble pero cierto.

Aunque este comentario puede resultar realmente ofensivo para aquellos que más han sufrido los recortes —desahuciados, autónomos, parados, dependientes, enfermos de Hepatitis C…–, este sector de votantes tampoco iba a votar al PP. Este es un mensaje dirigido al ciudadano que decidió apoyar a Rajoy en 2011 y que quedó decepcionado con los brutales recortes de esa legislatura.

Margallo siempre ha tenido fama de ser un verso suelto en el PP, pero estas declaraciones deberían tenernos en alerta por una razón: ya estamos en campaña. No es casual que el ministro elija este momento para asumir los errores del Gobierno, ya que durante las negociaciones post 20D la solución Margallo estuvo flotando en el aire. La búsqueda de un Presidente del Gobierno de consenso para una legislatura corta podría llevar a su persona. ¿Margallo está haciendo su propia campaña?


Tres hombres, tres ideologías y tres estrategias. Además, tres aspirantes a Presidente del Gobierno. Todo esto dentro del mismo partido. Y aún queda un mes y medio para las elecciones…

domingo, 17 de abril de 2016

La gran oportunidad de Rajoy

Nos quejamos de que en España no dimite nadie y nuestras razones tenemos para ello pero, también es importante reconocer, que últimamente se dimite más. Aún no es suficiente, lo sabemos, pero renunciar a un cargo electo ya no es una extravagancia. 

El ministro José Manuel Soria, aunque obligado, ha renunciado a su cartera, a su escaño  en el Congreso de los Diputados y a su liderazgo en el PP canario por aparecer en los papeles de Panamá. O más bien por no saber mentir al intentar justificar su presencia en la mayor filtración de la historia. En cualquier caso, se ha largado.
lamoncloa.gov.es

Soria no es el primer ministro que abandona el Ejecutivo en esta legislatura. A lo largo de estos cuatro años y pico han caído José Ignacio Wert, Ana Mato, Miguel Arias Cañete y Alberto Ruiz Gallardón. Ninguna de estas renuncias ha provocado un verdadero terremoto en el Gobierno pero la del ministro de Industria podría ser diferente.

Podríamos pensar que la dimisión de Soria ha llegado en el peor momento posible. En mitad de unas negociaciones durísimas para formar Gobierno, al borde de la convocatoria de elecciones anticipadas y con el liderazgo de Mariano Rajoy cuestionado por las bases del partido. Sin embargo, veámoslo desde otro punto de vista.

En caso de que volvamos a votar en junio, el PP necesita una catarsis si quiere no solo mantener los resultados del 20D sino mejorarlos para asegurarse poder formar Gobierno. Una auténtica renovación, una verdadera apuesta que movilice a los votantes que se han ido a Ciudadanos y a los que han dejado de confiar en su partido. Y la única forma de conseguirlo es renovando al líder.

Ahora bien, Rajoy no debe dimitir con el único argumento de mejorar los resultados de su partido. Esto destruiría el mensaje de que el Presidente del Gobierno ha realizado una gran gestión en tiempos de crisis porque, si lo ha hecho tan bien, ¿por qué no se iba a presentar? Rajoy debe irse con una excusa mejor: la responsabilidad política. Su responsabilidad por haber nombrado a un ministro que tenía empresas destinadas a pagar menos impuestos.


Imaginen este relato: el líder que nos salvó de la crisis económica en el último momento se retira por una mala acción que él no cometió justo cuando iba a poder gobernar con relativa calma. Hasta a mí me entran ganas de votar al PP. Pero claro, eso significaría que Mariano Rajoy tendría que dejar el poder, abandonar el Palacio de la Moncloa. Y eso es duro, puede que demasiado duro.

domingo, 14 de febrero de 2016

Una regla de tres

Si tres equivale a seis, dos equivale a cuatro. Si cinco equivale a quince, siete equivale a 21. La regla de tres nos ayuda con los problemas que nos ponen en el colegio cuando aún estamos aprendiendo a manejar los números y a realizar operaciones. Pero luego nos vamos por otros caminos que se alejan del mundo de las matemáticas y todo ese conocimiento, que tampoco es que acabe sirviendo para mucho (¿quién ha vuelto a calcular una tangente?), se diluye.

Vamos con un ejemplo más práctico. Si Esperanza Aguirre dimite por la corrupción en su partido —en este caso, el PP de la Comunidad de Madrid—, ¿Mariano Rajoy debe dimitir por la corrupción en su partido? Sí. Qué fácil, ¿verdad? No tanto. La característica de las matemáticas —al menos a este nivel— es que son exactas, no cabe el debate o la interpretación. La política no es así. En este mundo siempre se puede abrir una puerta oculta por la que colarse y escabullirse de cualquier situación.
Creative Commons

¿Rajoy está dañando a su partido por no haber dimitido aún? Sí. ¿Hay voces en el PP que piden su cabeza? Sí. ¿Va a llegar ese paso atrás? No —al menos, de momento—.

Esperanza Aguirre es fan de Borgen, la serie danesa que muestra las complejas tramas políticas de ese país aparentemente idílico en el que, mira tú por dónde, también hay traiciones y bajezas. Por otro lado, Mariano Rajoy es fan de… bueno… del Depor. Que está muy bien y van los novenos en la clasificación, sí. Pero tenemos un Presidente que nunca va a elaborar una estrategia política para coronarse y que por nada del mundo se va a molestar en descubrir los juegos de los demás.

Rajoy simplemente espera. Está en el lugar adecuado y no se va a mover de ahí. ¿Para qué? Con esa estrategia ha conseguido volver a ser el más votado en las últimas elecciones. ¿Por qué la iba a cambiar?


Aguirre se va matando porque ya le quedaba poco a la cabeza del partido en la Comunidad de Madrid —no se iba a presentar al próximo Comité en el que se elegirá una nueva presidenta—. Su jugada es buena, pero no definitiva. Y en el fondo lo sabe. En el fondo sabe que, aunque le haya lanzado una última puya al Presidente del Gobierno, ha perdido la partida contra Mariano Rajoy.

jueves, 11 de febrero de 2016

Bárcenas, Rato, De la Serna, Rita... ¿y Rajoy?

Esta mañana, Mariano Rajoy daba una rueda de prensa y ha propuesto cinco grandes pactos para pactar con su partido: la unidad de España, la soberanía nacional, la igualdad de los españoles, el respeto por los principios de la democracia, la defensa de la legalidad y la lucha contra el terrorismo. 

Dejando a un lado que, como ha señalado @gerardotc en twitter, son seis acuerdos y no cinco, vamos a fijar nuestra atención en uno: la defensa de la legalidad. Los conservadores lo proponen con el referéndum independentista en mente, pero es muy irónico que, precisamente hoy, la Guardia Civil registre la sede del Partido Popular de Madrid. La misma sede en la que trabaja Mariano Rajoy todos los días.
Gutiérrez Moliner con Esperanza Aguirre | EL PAÍS, Álvaro García


En el contexto de la trama Púnica, la investigación policial que se encarga de los presuntos pagos de empresas al partido a cambio de adjudicaciones de obras que luego se utilizaban para financiar campañas electorales, los cuerpos de seguridad del Estado han requisado, según El País, el ordenador de Beltrán Gutiérrez Moliner, el que fue gerente del partido en la Comunidad de Madrid.

Aunque el PP niega que se haya requisado ese ordenador, el propio Rajoy admitió hoy que el registro se ha producido y que los agentes de la Guardia Civil preguntaban por el exgerente. Este no ha sido el único registro que ha tenido lugar hoy, ya que también se ha entrado en la casa de Javier López, yerno del empresario Juan Miguel Villar Mir, y en la sede de la constructora OHL. O como en el PP llaman a la unión de estos nombres: la reunión con los colegas de los viernes.

Todos estos nombres que han aparecido, excepto el del Presidente, ya se habían visto implicados en el caso de las tarjetas black, otra operación que afecta directamente al Partido Popular y, concretamente, al hombre que Aznar quería como sucesor: Rodrigo Rato. Rato ya cayó del pedestal en el que estaba en el PP. Los conservadores dejaron de protegerle y le abandonaron a su suerte frente a las causas judiciales que tiene abiertas en su contra. 

Peor suerte corrió el extesorero del partido, Luis Bárcenas, que se atrevió a tirar de la manta y a divulgar la supuesta contabilidad B del partido. De la Serna y Rita Barberá también han sido repudiados por el partido, pero aún gozan de la protección del aforamiento porque han cumplido con una regla muy básica de la política: "Cállate".

Esta ristra de muertes políticas parece ser el preludio de una renovación del partido que dejará paso a caras nuevas que no estén relacionadas de ninguna manera con la corrupción. Se han amputado, con más o menos delicadeza, varias cabezas de la hidra corrupta del PP, pero aún falta la más importante, la que ha llevado al partido a perder la mayoría absolutísima de la que disfrutaba: Mariano Rajoy.

Rajoy estaba en los papeles de Bárcenas y no lo sabía. Rajoy trabaja en la sede del PP que ya ha sido registrada dos veces y que fue pagada con dinero negro, y tampoco lo sabía. Rajoy confío en y aduló a personas que o están investigadas o, directamente, han acabado en la cárcel –como Jaume Matas– pero tampoco sabía qué estaban haciendo.

Desde luego, si el Presidente del Gobierno conocía estas tramas y no lo sabía, está mal y debe dimitir automáticamente. Pero, ¿acaso no es más grave aún que no se enterase de todo lo que pasaba en su propio partido? ¿Cómo podía estar capacitado para llevar un país si ni siquiera sabía qué hacían sus capitanes? 

Pero la respuesta a estas preguntas ya viene a dar lo mismo, porque aunque se diese ahora, llegaría tarde. En la situación en la que se encuentra el todavía partido del gobierno, ya solo nos queda esperar y ver cómo la organización acaba despidiendo a su líder y arrojándolo al hoyo de putrefacción que tanto está usando últimamente. Ese del que nadie consigue volver a salir.

domingo, 7 de febrero de 2016

Y la Presidencia del Gobierno es para...

Bueno, solo hay dos nominados, ya lo sabemos. Pero ayer solo uno de ellos estuvo presente en la gala de los Premios Goya —la cual fue vista en algún momento por más de 10 millones de espectadores—, Pedro Sánchez. Mariano Rajoy, el Presidente en funciones que se queja de que no quieren hablar con él para formar gobierno, se quedó en casa. El resto de líderes sí acudieron: Albert Rivera, Alberto Garzón y un Pablo Iglesias que sorprendió llevando un esmoquin.

La periodista Lucía Méndez le pregunta hoy en El Mundo a Alberto Núñez Feijóo, presidente de Galicia y candidato a suceder a Rajoy en el liderazgo del PP, si cree que su partido es antipático. Al fin y al cabo, alguna explicación tiene que haber a que el partido más votado sea incapaz de formar gobierno. Feijóo no lo niega y acaba diciendo que “Sánchez es el peor líder que ha tenido el PSOE”. Haciendo amigos, vaya.
EFE

Con los anuncios que utilizó el PP en la campaña del 20D (como el de los hipsters o el de los moteros) y las apariciones de Rajoy en En tu casa o en la mía, la Sexta Noche o Qué tiempo tan feliz parecía que algo estaba cambiando en la comunicación del partido. Sin llegar aún a los niveles de éxito de los partidos emergentes, parecía que estaban haciendo las cosas bien, que podían conectar con sus votantes enfadados y con los jóvenes de derechas que dudasen entre ellos y Ciudadanos. 

Pero han pasado las elecciones y volvemos a lo de siempre. A criticar a todos los partidos, a hablar de la herencia recibida y a no acudir a los eventos importantes a los que el resto de formaciones políticas sí dan importancia. 

Íñigo Méndez de Vigo con Antonio Resines | EFE
Afortunadamente, el PP mandó a alguien a la gala de los premios del cine español y no repitió el ridículo que hizo José Ignacio Wert en 2014 al no acudir a la ceremonia. El actual ministro de cultura, Íñigo Méndez de Vigo, asistió y aguantó los dardos de Dani Rovira. Sin embargo, no aceptó preguntas y se limitó a sonreír y posar ante las cámaras. Como si nos interesase qué lleva puesto y no qué tiene que decir.

Cuando un partido quiere gobernar, no solo tiene que ser generoso y conciliador en las negociaciones, también tiene que parecerlo en público. Y anoche Sánchez, Iglesias, Rivera y Garzón charlaron, se hicieron fotos y envainaron sus armas para disfrutar de la cultura y apoyar el cine español. Puede que el gesto de acudir a esta gala no cambie nada en las negociaciones que se están desarrollando entre estos partidos, o puede que la conversación y las copas de después ayuden a desencallar aspectos que estaban bloqueados. 


Lo que no ayuda ni a la investidura ni a obtener votos entre la ciudadanía es que los ministros se muestren encerrados en una burbuja de la que solo salen para hacerse fotos, como si los premios Goya fuesen el coñazo que te obliga a salir del palacete una vez al año.

domingo, 17 de enero de 2016

Portugal vs. Alemania

Ni voy a hablar de fútbol ni voy a predecir la Tercera Guerra Mundial, no tienen por qué asustarse. El enfrentamiento al que asistimos no es bélico y la decisión que el nuevo Congreso debe tomar no es si unirse a los buenos o a los malos —que cada cual decida quiénes son los primeros y quiénes los segundos—.

Los políticos que han sido capaces de alcanzar uno de los 350 sillones del Hemiciclo tienen que escoger entre Portugal o Alemania, entre papá o mamá (Mutter Angela). Y es que, según la aritmética parlamentaria, solo hay dos opciones para formar Gobierno: un pacto de partidos de izquierdas a la portuguesa o una gran coalición a la alemana.
Fuente: Wikipedia y Taringa | Montaje: photojoiner.net

Los 350 diputados, decía, tienen que escoger, pero solo uno tiene que decidir: Pedro Sánchez. La diferencia puede parecer pequeña, pero en realidad es muy trascendente. Si el secretario general del PSOE decide que quiere más a mamá, apoyará al PP y arrastrará a otros partidos como Ciudadanos con él. 

Por otro lado, si prefiere a papá, tendrá que comenzar una larga travesía por caminos muy peligrosos hasta conseguir convencer a Podemos y a otro partido para que le apoyen.

Viendo que el PSOE gobierna gracias a Podemos en comunidades como Aragón o Extremadura, no debería ser muy difícil que este mismo pacto se repitiese a nivel nacional. Pero Podemos no se presentó a estas elecciones generales como un solo partido. De hecho, los resultados del Ministerio del Interior descomponen sus votos entre: Podemos (12,67%), En Comú Podem (3,69%), Compromís-Podemos-És el Moment (2,67%) y En Marea (1,63%). 

Pactar con Podemos significa pactar con todos estos partidos y una de las condiciones que pone En Comú Podem —partido que obtuvo casi un millón de votos—es la realización de un referéndum de autodeterminación en Cataluña

Los barones del PSOE ya han alzado la voz por el préstamo de senadores de su partido a los independentistas, con lo que la idea de que voten los catalanes produce urticaria a la mitad del partido de Sánchez.

Y aún en el hipotético caso de que Pedro consiguiese convencer a Pablo, y de que Pablo consiguiese convencer a sus socios, aún faltarían tres votos para que un Gobierno de izquierdas superase la barrera de PP y Ciudadanos —siempre y cuando UP-IU también se sume al proyecto—. Y esos partidos son: ERC, DiL (la antigua Convergència) y el PNV.

Si en el PSOE no quieren oír hablar de un referéndum, ¿cómo van a pactar con partidos que piden abiertamente la independencia de Cataluña? El PNV se alza como la única opción posible y eso, como hemos visto con la CUP, le da mucho poder. 

¿Qué pedirán los nacionalistas vascos a cambio de otorgar la llave de la Moncloa a Pedro Sánchez? Irónicamente, podrían pedir otro referéndum. El PNV, junto con EH Bildu, ya se pronunció en octubre a favor del “derecho a decidir del pueblo vasco”, con lo que sus anhelos son claros. 


Con estos cuatro partidos ya obtendríamos una mayoría superior a la suma PP y Ciudadanos (167 contra 163), pero la diferencia entre ellos sería muy escasa. Bastaría con que ERC o DiL votasen en contra para bloquear la formación de un Gobierno. 

Y si esto ocurriera, ¿no quedaría como última opción para evitar repetir elecciones formar una gran coalición como en Alemania? ¿No podría usar el PSOE ese argumento cuando quedasen pocas horas para que se acabase el plazo igual que lo ha usado la CUP para darle la presidencia a la burguesía catalana?

domingo, 10 de enero de 2016

Rajoy abandona y Borja Sémper será Presidente con el apoyo de Podemos

No, no. Es coña. Pero imagínense por un momento que el Partido Popular y el Partido Socialista se presentaron en coalición a las elecciones del 20D para alcanzar un único punto: la unidad de España. Imagínense que ganaron con amplia diferencia con respecto a la segunda fuerza, pero que no alcanzaron la mayoría absoluta. Y que solo un partido compartía parte de sus ideas: Podemos.

Pero, ¿cómo apoyaría la extrema izquierda a la derecha y al liberalismo que ha aplicado recortes en la sanidad y en la educación? Si Podemos consiguió un tan buen resultado en las elecciones, fue en parte por el odio y la oposición que genera Mariano Rajoy en buena parte de los votantes. Estos jamás perdonarían al partido morado que les traicionase de esa manera.
Fotografías: Atresmedia y Público | Montaje: photojoiner.net

Pero los meses pasan y a veces es necesario hacer cosas que no te gustan. Si, en esta ficción, Pablo Iglesias empezó asegurando que jamás investirían a Mariano Rajoy como Presidente, después pasó a darle un “‘no’ tranquilo”

Y casi sin darse cuenta, los dos partidos llegaron al límite que les marca la ley para formar Gobierno. O proponían un candidato para Presidente que obtuviese la mayoría, o se repetirían las elecciones. Y ese último escenario no era favorable ni para unos ni para otros, puesto que la volatilidad del voto podía hacerles caer de la mayoría.

Imaginen que Podemos, dividido entre los que optan por apoyar a Rajoy para mantener sus escaños o los que antes de eso prefieren volver a tener elecciones, convocase a sus bases. E imaginen que, tras un intenso día de votaciones, hubiese un empate entre los dos sectores. Un empate casi inalcanzable, pero un empate válido al fin y al cabo.

El resto de partidos ya se estaría preparando para la campaña y la próxima convocatoria electoral. Rajoy intentaría gobernar con el PSOE hasta entonces, pero estos ya no verían beneficios en tal acuerdo. Y los enemigos de Rajoy, los que están dentro de su partido, ya levantarían sus espadas para acabar con el líder que les podría llevar a otro descalabro electoral.

Así, preparándose para afrontar otra lucha más, de la que muy probablemente saldría derrotado, es como el Presidente del Gobierno en funciones recibiría la llamada de sus negociadores. No todo está perdido. Podemos tener un acuerdo. Podemos alcanzarlo aunque ya solo queden dos días. Pero debemos pagar un precio, Mariano. Tú.

Solo, aunque no muerto y todavía con la posibilidad de volver en el futuro, Rajoy abandonaría la carrera por la Presidencia. ¿Y a quién presentaría el PP? Debería ser alguien joven, con buena imagen, del ala moderada del partido. Necesitarían un candidato de consenso. ¿Núñez Feijóo? No, está tocado por la corrupción. ¿Soraya? No quiere. ¿Borja Sémper? ¿El de Guipúzcoa? Pero si ni siquiera ha conseguido escaño… Es igual. Es la imagen que necesitamos. Si nos equivocamos, ya se cambiará, pero Podemos no aceptará candidatos que estén más a la derecha.
Fuente: El Periódico

Y Sémper, sorprendido y aún sin creérselo, viajaría a Madrid ese mismo día. Allí Rajoy le agarraría del brazo para entrar a la sede del partido, sitiada por los periodistas. El aún Presidente alabaría su gestión y su compromiso con el país. Todo sabiendo que ya no es él el que está acaparando las fotografías, sabiendo que le han sustituido.

Dejen de imaginar. Descabellado, ¿verdad? Una fantasía no muy bien cimentada. ¿Por qué iba a juntarse el PSOE con el PP? ¿Y por qué se iba a juntar ERC con CDC? ¿Por qué Podemos apoyaría a alguien del PP? ¿Y por qué la CUP ha apoyado a Carles Puigdemont?

“La política hace extraños compañeros de cama”. Sí, pero en esta orgía ha entrado mucha gente con un único objetivo: la independencia. Y ese ideal ha llevado a crear este Frankenstein político que, si bien no sabemos cuánto va a durar, sabemos que es muy peligroso. Sus costuras pueden no ser del todo fiables y acabaría estallando y manchando de sesos y vísceras a los ciudadanos de Cataluña y a los de toda España.


Hoy hemos visto cómo más de la mitad de los diputados del Parlament, aquellos que representan a un 47,7% de los catalanes, han votado a favor del alcalde de Girona como nuevo President. ¿Están simplemente locos o la independencia está creando un sentimiento tan importante como para poner de acuerdo a gente tan diversa? Debemos responder pronto y actuar en consecuencia. Porque si no somos lo suficientemente rápidos, podemos acabar lamentándolo.

martes, 15 de diciembre de 2015

Round 3: La escenificación del hartazgo

@lasextanoticias

Yo quería hablar de cómo fue el debate de anoche. Quería hablar de las propuestas que presentaron los candidatos del PP y del PSOE. Quería hablar del carisma de los candidatos y de su habilidad confrontando ideas. Quería pero no voy a hacerlo. La razón es muy simple: anoche no me enteré de nada

¿Cómo voy a entender algo entre el barullo que formó el bipartidismo? Es más, ¿cómo voy a mantener la atención durante casi dos horas con un constante e incongruente cruce de datos y con un soporífero e infantil "y tú más"?

Si ya era difícil que en un debate como este alguien cambiase el sentido de su voto –¿quién va a estar dudando entre votar al PP o al PSOE?–, aún más difícil fue que alguno de los telespectadores se ilusionase con Mariano Rajoy o con Pedro Sánchez como para votarle el próximo 20 de diciembre. ¿Serán los ausentes los ganadores del debate?



Pedro Sánchez
Parece que las encuestas publicadas ayer en la mayoría de los medios (como El País, ABC o La Razón) dieron ánimos al líder socialista, que se mostró más combativo que en los debates organizados por El País y Atresmedia

Estas experiencias previas han enseñado un par de cosas a Sánchez como usar datos o emplear ejemplos con personas, que son los que llegan verdaderamente al espectador. Además, tuvo momentos destacables como la defensa de los dependientes que han dejado de recibir ayudas con el gobierno del PP.

Su estrategia se basó en enfadar a Rajoy para mostrarse como un verdadero candidato a la Presidencia del Gobierno, especialmente con la corrupción que ha azotado a los populares durante esta legislatura. Pero Mariano siempre está tranquilo, ese ardid nunca funcionará con él. Ese es su punto fuerte. Incluso cuando Sánchez le acusó de "no ser un político decente", Rajoy se mostró bravo y con genio, pero no cabreado.

Pero el error básico de Pedro Sánchez sigue siendo su falta de propuestas, o más bien la falta de capacidad para comunicarlas, como plantearon anoche en Hora 25. Los socialistas aún tienen que comprender que en estas elecciones se votará con ilusión y no con melancolía. Por cierto, prometer que facilitará los trámites para votar desde el extranjero cuando estos ya han votado no es un buen método para ganarse su apoyo.

La crítica constante a los cuatro años de la Administración Rajoy no funcionará sin un proyecto de futuro que aúne a los votantes de izquierdas.

Nota: 6,5



Mariano Rajoy
El Presidente del Gobierno salió muy fuerte al debate pero se desinfló pronto. No gastó energías en negar los recortes o la corrupción y utilizó esos minutos para prometer que creará empleo y para destacar los puntos fuertes de nuestro país. Ese es el Rajoy presidenciable que gana votos, el que apareció en casa de Bertín Osborne pero que suele permanecer dormido.

Y sería la hora intempestiva, porque a partir de la primera media hora ese Rajoy se durmió y el candidato del Partido Popular se puso a la defensiva. Todas las afirmaciones del líder de la oposición eran o falsas o ineficaces. Ni una crítica de fondo, no nos vayamos a herniar. 

Mariano cometió grandes errores como intentar negar el rescate bancario, centrarse durante todo el debate en la economía y ser condescendiente con su contrincante. A pesar de que se agenció algún punto como rebajar a Pedro Sánchez por utilizar en el debate la violencia de género, el candidato popular no volvió a destacar. No se mostró como un verdadero Presidente del Gobierno.

La avalancha de datos, la falta de humanidad y, especialmente, la enorme mochila que carga Rajoy llena de corrupción y paro, lastraron a un Presidente que podía haber ganado el debate si hubiese sido capaz de mantener el ritmo de la primera media hora. Un gatillazo que habría sido una verdadera calamidad si su rival hubiese sido Albert Rivera, pero que no significará una gran pérdida de votos.

Nota: 6


El debate fue aburrido y los contendientes, mediocres. Se dividió entre un ruido blanco indescifrable por las continuas interrupciones sinsentido y un constante recordatorio de lo que el otro ha hecho mal en el pasado. Pocas propuestas y aún menos ilusión. 

En definitiva, dos monólogos que consiguieron atraer muy pocos votos y un formato que ya debería estar superado en una televisión pública del Siglo XXI. Un último aullido de un bipartidismo que agoniza y busca salvarse desesperadamente. ¿Lo conseguirá?